MENTIRAS PELIGROSAS


José Acosta
CESTA Amigos de la Tierra

Joseph Goebbles, el asesor propagandístico de Adolf Hitler, afirmaba que una mentira repetida 100 veces termina creyéndose cierta, parece que esta es la inspiración del periódico El Diario de Hoy, para emprender una campaña sistemática de mentiras sobre el caso de contaminación con plomo provocada en la comunidad Sitio del Niño.

En 1995 se instaló en la zona la fábrica Baterías de El Salvador, propiedad de la familia Lacayo, y en el año 2000, comenzó a importar grandes cantidades de baterías usadas y chatarra de plomo. La fabrica funcionó hasta el año 2003, sin contar con el permiso ambiental, es decir violando con total impunidad la Ley de Medio Ambiente.

En el año 2007 el Ministerio de Salud realizó un estudio en muestras de sangre tomadas a niños entre los 10 meses y 10 años, los resultados fueron alarmantes, se encontraron niveles de contaminación hasta de 26.78 mcg/dl. Otras instituciones de mayor prestigio como La Universidad de El Salvador y el CDC de Atlanta, posteriormente demostraron la presencia de niveles altos de plomo en el suelo, aire y agua de la zona.

También la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos, realizó un estudio que demostró niveles de contaminación, que sobrepasan la norma hasta 100 veces, estos reportes fueron tomados como base, por el Ministerio de Medio Ambiente, para declarar emergencia ambiental en la zona.

Además, los impactos en la salud de los pobladores de Sitio del Niño son evidentes, padecimientos como: problemas auditivos, dolores de cabeza, anemia y convulsiones, son recurrentes en niños y niñas de la comunidad. Lo cual es sintomático de la presencia de plomo en la sangre.

La contaminación con plomo está demostrada con evidencias científicas; sin embargo, en la última semana el periódico El Diario de Hoy ha emprendido una campaña de mentiras y falsedades, con argumentos absurdos como por ejemplo: la opinión de un “experto” que asegura que el lugar está libre de contaminación porque hay árboles y pasto verde.

Esas y muchas otras mentiras difundidas reiteradamente por este periódico son peligrosas, porque se corre el riesgo de impedir la aplicación de justicia y que finalmente este delito quede en la impunidad.

En solidaridad con las víctimas de este brutal crimen, es urgente difundir la verdad, ya que no existe mayor cobardía que callar, esa omisión permite que personas perniciosas continúen haciendo mella en la gente desamparada.

http://www.elsalvador.com/mwedh/aspnet/imagen.aspx?idArt=5787032&idImag=13865464&res=0&idcat=8613&w=450&maxh=400

La ONU, el Derecho Humano al Agua y doña Santamaría

Foto: izotenews.blogspot.com

Por Geovani Montalvo

Hace un mes que doña Santamaría no tiene agua en su hogar, el pozo que tenía se secó, el vertiente que había desapareció, el agua de los barriles que descansan en el patio de su casa, ya se agotó. Apenas inicia el verano en la populosa comunidad cantonal de San Juan la Cruz, en un lugar de la Cordillera del Bálsamo.

La mujer, recién se enteró que el alcalde ha dicho que no hay fondos para hacer el proyecto de agua, que desde hace años viene pidiendo la directiva comunal. Y ni se imagina que don transnacional, en su proyecto que tiene al lado, perforó dos pozos ilegalmente y usa miles de litros de agua para sus campos de golf.

Hace dos días, un señora y dos jóvenes se acercaron a su casa, para explicarle que no hay agua en sus pozos y vertientes porque don transnacional perforo los suyos, secando los que tienen en San Juan la Cruz. Doña Santamaría no entiende eso, solo sabe que don transnacional les construyó la calle, bien bonita la dejó.

Lo único cierto en su situación de incertidumbre es que no hay agua, y la necesita para beber, para el alimento de sus nueve hijos, su madre enferma y ella. Mientras tanto, Santamaría con algunos trabajos que hace en la capital, logra comprar Coca Cola y Pepsi Cola para beber. Eso aplaca la sed de la familia, que todas las noches, como una vela encendida, permanece esa bebida en su mesa.

No puede comprar agua de pipa, porque en su comunidad no logran entrar los camiones con el líquido potable, debido a las extorsiones de las pandillas. El río, el único río que pasa cerca y que hace años era caudaloso en invierno y verano, ahora no es ni la sombra de lo que fue, contaminado con los desechos químicos que una textilera arroja al afluente. La misma textilera que emplea a una docena de familias de la comunidad cantonal.

El Salvador, país donde vive, fue declarado recientemente por la ONU como el más vulnerable del mundo. Las lluvias, cuando llueve a cántaros, hace rugir al rio con agua embravecida que arrasa con todo cuando se desborda. En esos días, doña Santamaría con su familia busca protección en los refugios públicos, mientras apenas recibe una frazada y una lata de frijoles.

Desesperada ella, junto a otros vecinos y vecinas, buscan ayuda, piden y tocan puertas para que les ayuden, para tener agua de calidad y cantidad en su hogar, para tener saneamiento. Sin embargo, ella no se da cuenta aún que no tiene que pedir ayuda, tiene que exigir un derecho humano legítimo.

Bien sabemos que sin agua no hay vida, pero se necesita que el agua sea de calidad en las cantidades suficientes. Desde un enfoque ius naturalista del derecho, el acceso al agua potable es un derecho legítimo del ser humano, porque deriva de la naturaleza humana, teniendo en cuenta que el derecho natural es anterior y superior al sistema de derecho positivo.

En un histórico hecho, la Asamblea General de Naciones Unidas declaró por primera vez el acceso al agua de calidad en las cantidades necesarias como un derecho humano fundamental. Histórica votación celebrada el miércoles 28, con el apoyo de 122 países y la abstención de 41. Ninguno se opuso a la aprobación de la resolución.

Estados Unidos se abstuvo, junto a otras naciones industrializadas como Australia, Austria, Canadá, Corea del Sur, Dinamarca, Israel, Japón, Irlanda, Gran Bretaña, Luxemburgo, Grecia, Suecia y Holanda.

Pero algunas en desarrollo también, mayoritariamente de África. Además prefirieron no manifestarse Botswana, Etiopía, Guyana, Kenia, Lesotho, Trinidad y Tobago y Zambia. Informa la agencia IPS.

Según la ONU, 3 mil millones de personas no tienen acceso a agua corriente en un kilómetro a la redonda de su hogar, y otras 2 mil millones viven en áreas con escasez de ese vital elemento.

Es difícil creer que con esta resolución no vinculante, los estados y los gobiernos comenzarán a solucionar integralmente los problemas de desabastecimiento de agua y saneamiento. Es más incrédulo pensar que cada denuncia y demanda hechas por las comunidades, exigiendo su derecho al agua, tendrán un verdadero eco en las instituciones públicas.

Pero algo es inevitablemente positivo, el paso que se ha dado en la lucha por defender y exigir el derecho humano al agua. Ahora hace falta, que doña Santamaría cuente plenamente con ese derecho, hace falta un “renovado impulso por la justicia del agua”, responsabilidad interinstitucional del Estado, pero sobre todo, que las comunidades sigan y aumenten sus reivindicaciones con este derecho fundamental.

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