Retrato de Lety Palma: Viviendo para siempre

Por José Acosta

Pelo largo y negro profundo, sonrisa franca y abundante, su cuerpo pequeño y fuerte, su rostro bien distribuido, con ojos inmensamente vivos, sus manos delgadas y agiles, así era Lety Palma, una mujer con un espíritu inquebrantable aún en los tiempos difíciles.

Me parece como si fue ayer cuando la vi caminando en medio de su jardín, regaba las rosas, los claveles, las begonias y geranios, todas las flores bailaban de alegría en sus manos y parecían mariposas a punto de volar, flores hechas mariposas y mariposas hechas flores.

El inmenso árbol de conacaste que cobijó su casa con su imponente sombra, fue testigo una y mil veces de la conciencia tranquila y del buen corazón, de la niña Lety, nadie se fue de su casa sin que le ofreciera algo de comer o de beber, y quienes saboreamos de su comida siempre anhelamos más, porque supo a la perfección el arte de la cocina.

Su conocimiento lo puso a disposición de los demás, cuando hubo actividades comunitarias que requerían de una persona trabajadora, hábil y organizada, ella siempre estuvo dispuesta a colaborar y su ayuda era oportuna, cuando asumió compromisos correspondió con disciplina y esmero.

En su familia se desenvolvió con envidiable sabiduría, por mucho tiempo fue una madre soltera que asumió la responsabilidad de conducir el hogar con la inteligencia y buena administración de una mamá y con la justeza y entrega de un papá; supo criar a sus hijos e hijas enseñándoles con el ejemplo a comportarse con sano juicio.

Ella siempre tuvo el don de contagiar a los demás con su entusiasmo inagotable, que se expresaba en una franca sonrisa a flor de piel. Pero un día 13 de abril del año 2003, la paz y la quietud cerraron la puerta de la vida y abrieron la ventana de la eternidad.

Ahora, el árbol de conacaste está melancólico como queriendo llorar, algunas de sus ramas han muerto y en el jardín donde antes hubo rosas rojas y hierba fresca, solo queda tierra seca; la casa que en un tiempo estuvo llena de vida y de alegría, ahora está vacía y triste.

Pero quiero contarle, niña Lety, que su sonrisa sigue hacia adelante, venciendo al tiempo, a 8 años de su muerte la rosa perfumada de su recuerdo derrota al olvido y la memoria de su imagen se levanta invicta afirmando una vez más que la muerte no es el fin… es el principio de la vida.

Hasta pronto, niña Lety.

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3 comentarios para “Retrato de Lety Palma: Viviendo para siempre”

  1. guadalupe Dice:

    Quiro reconocer el buen trabajo de esta persona, pues mientras leia creia tener a la senora Lety ahi con migo apapachandome como siempre lo hizo cuando nina.

  2. maria eugenia levy Dice:

    Tuve el enorme privilegio de ser su sobrina, de bebè me cuido, pues ella se fue a vivir a San Salvador, y mientras mi madre trabajaba, Mi Tía Lety, cuidaba de mi, se sentía orgullosa de la niña Blanca, rosada y pelo castaño y grandes ojos miel, que era yo, ( con palabras de ella me describo) felizmente me llevaba al cine, a ver los muñequitos. En su lecho de muerte, y con su mirada perdida por ratos al cielo, estuve a su lado y sus palabras evocaron mi niñez. Cuando creci con todo orgullo decía que era su sobrina abogada, ella y mi madre que ahora estan juntas, fueron dignas mujeres llenas de amor, alegria para los demàs. Vaya hacia el cielo un canto de amor.

  3. geraldi Dice:

    hola leti ybrian ,dom ,mia ,vince la pelicula estubo curada


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